viernes, 21 de junio de 2013

Entre amigos

Afortunadamente para mí, a medida que pasan los años, voy conociendo más personas a las que quiero y admiro. Si cuando contaba veinticinco años me hubiesen dicho que diría esto, reconozco que hubiera sonreído con ironía. Qué le vamos a hacer: suerte que tiene una.



Francisco Gonzalez de la Oliva, anfitrión con el que todo artista sueña y por el que todos quisiéramos ser recibidos, nos lo puso muy fácil. Gracias.


  Dos de estas personas han sido las encargadas de presentar mi segundo libro "Los Pies de la Mensajera" en Granada. El lugar, tanto por su ubicación –el barrio del Realejo– como por el edificio en sí y lo que alberga, es una joya. 





La Casa de los Tiros fue construida en el siglo XVI a semejanza de los palacios granadinos. Los primeros propietarios de la casa fueron los Granada Venegas, linaje que comienza con Pedro de Granada (Cidi Yahya) noble descendiente de Yusuf IV e hijo del infante del Almería y Alcaide de Baza, se reconvirtió al cristianismo. Se casó con su prima Cetti Meriem, que cambió su nombre por el de María Venegas una vez reconvertida junto a su marido, comenzando con esta unión el linaje de los Granada-Venegas. La casa ha pertenecido hasta 1921 a los Marqueses de Campotejar, título que le fue otorgado a la familia Granada Venegas en reconocimiento a los servicios prestados a la corona, que tras un largo pleito mantenido con ellos (desde el siglo XVIII al XX), pasó a manos del Estado.



El montaje que configuró el Museo Casa de los Tiros a partir de 1929 aparecían varias salas de especial interés, como la dedicada a los viajeros románticos, centrada en la figura de Washington Irving; la sala de artes industriales, dando cabida en ella al valor y la importancia de la artesanía local; o la sala dedicada al mundo de los gitanos, única por aquellas fechas consagrada a tan importante colectivo humano
El Museo cuenta con un fondo documental en el que se incluyen los archivos de los escritores y periodistas Francisco de Paula Valladar y Serrano, Melchor Fernández Almagro, Ángel Ganivet y Baltasar Martínez Dúran, junto con el archivo del periódico El Defensor de Granada y el de Antonio Gallego Burín.



Pensé en mostraros un párrafo de la presentación pero, están tan bien hiladas, impecables en su     diferencia, que he pensado que seáis vosotros los que elijáis qué leer o no.

                                     

                             Presentación de Teresa Curiel Marín
                                     Ingeniera T. industrial, arquitecta T. y escritora



Estamos aquí para compartir con la autora la emoción de su primera  novela, para disfrutar ése momento de recibir la caja desde la editorial y tocar y oler con ella su novela recién publicada. No es la primera que escribe, ya que tiene una hecha con tan sólo 17 años y ahora otra en corrección que esperamos también con ganas.
Herminia es escritora desde siempre, con ésa cualidad que la lleva  a querer compartir con nosotros su creación y no le basta con un Diario o con llenar unos cuadernos. ¿Porqué escribimos para los demás? Existe en  ése caso una necesidad de explicar el mundo, como ya ocurriera con los filósofos y una generosidad de sentimientos y experiencias que regalamos al otro.

Esta novela es la biografía de una perra, llamada Candela, pero al mismo tiempo es parte de la biografía de las personas que la acompañan. Es también una novela sobre cómo los seres humanos nos enfrentamos a la soledad y cómo los animales sienten ésa soledad.

¿Por qué la autora elige un animal como hilo conductor? Hubo un precedente que fue muy importante para ella, FLUSH de Virginia Woolf. En esta novela, la voz narradora no es la del perro, es alguien que está muy cerca de él y conoce sus pensamientos y emociones. Hay que tener en cuenta que esta novela fue escrita en 1933.
Esta perra nos permite observar el mundo desde una mirada libre de prejuicios, sin el filtro de la educación, los convencionalismos sociales y las obligaciones, ofreciéndonos la posibilidad de volver a evaluar quienes somos y porque hacemos lo que hacemos. Es pues, una filósofa de cuatro patas.
En la mirada de Candela y en la de sus acompañantes humanos, Rosa y Casandra, se nota también la influencia de lecturas de autores mas modernos como Carmen Martin Gaite, Ana Maria Matute, Juan José Millás, Doris Lessing o Soledad Puértolas.

Encontramos un flujo narrativo de la voz interior, corriente de conciencia, con un lenguaje sencillo en apariencia, correcto, sincero y en busca del interlocutor que comienza por ella misma.

Hay varios momentos de la novela en los que vamos a detenernos:
Capítulo III: Rosa, primera dueña de Candela, esta en su vida en ése momento de tomas decisiones y decide estar sola... “Y es que ése paso al que una relación llega que nos exige dejar de ser nosotros mismos para convertirnos en el otro, buscando en ésa simbiosis posiblemente lo que nos falta, a Rosa hacía que le supiesen amargas todas las relaciones humanas”
Y otro momento, al final del capítulo V, cuando abandona a la perra en una Protectora de animales: “Hay una situación que se produce en determinadas ocasiones, en las que el veterinario sabe cuándo el dueño quiere quitarse al perro de encima... y los mas falsos con la consigna de que no quieren que el animal sufra por la operación o por el tratamiento y que luego sea para nada” y se parece a cómo los hombres resuelven muchas veces el final de una relación y cómo lo justifican.
AL principio del capítulo IX, Casandra, la que va a ser su nueva dueña, escucha de su marido, en un momento de dudas sobre si su hijo aceptará a Candela en vez del pastor alemán que quería:  “Adopta ese animal. Te conozco demasiado,ya no quieres otro. EN un tiempo las cosas volverán a su cauce. Pronto le tomará cariño y, posiblemente, le hará madurar. La vida le haré postergar o renunciar a sus deseos tantas veces... “.de esta forma de educar al hijo estaría orgulloso el Juez Emilio Calatayud.

Por otra parte Candela, una perra que ha sufrido displasia,  tiene las limitaciones que tenemos los humanos cuando queremos explicarnos lo que sienten los demás solo desde nuestra propia experiencia  y así , cuando observa a la humana Casandra y la oye suspirar en sus paseos por el campo, piensa : “A esta mujer le ocurre algo ¿le dolerán las patas también” se preguntó.

Casandra siente un dolor, una ausencia por la madre perdida, tan bien descrita, tan exacta, tan intensa, que por un momento creí que la madre de Herminia, la autora, había fallecido y sólo de esta manera se justificaba la calidad en la descripción de ésa perdida. Afortunadamente, esto es solo una muestra de su maestría y su madre nos acompaña hoy aquí y está estupenda y feliz.
Las frases que me llevaron a pensar en ésta orfandad, son: “Me has dejado sola, mi cerebro parece huir de todo pensamiento... Me miran y me tocan y me hablan como si fuese la misma, pero ya soy otra, aunque mi apariencia no haya cambiado. Es tal la variación que me sorprende que me reconozcan. He cambiado tanto como puede hacernos cambiar la muerte. Es la línea sutil que marca la diferencia entre una mujer que tiene madre y otra que no la tiene”


-leemos la poesia de CMG y la cita del capitulo  XIV “A través de la ventana veo las hojas...”   y tomo prestado del Blog “la Guardiana del pozo” “Mirar por la ventana no es ver pasar la vida, sino ir en busca de ella. No vive más es que mas veces sale al espacio abierto sino el que utilizando la ventana, la imaginación, SIENTE INTENSAMENTE”. Por eso, en el capitulo  XII, nos fijamos en ésa “madre sin madre” y “en las pupilas de Candela veo reflejada una mujer que ya no busca fiera, sino dentro... Ella sabe como yo, que la felicidad no existe. Quizá por eso ambas disfrutamos con todo”. Tenemos otra cita magnifica, reveladora del proceso de mirada hacia el interior que sólo desde cierta madurez somos capaces de hacer, sabiendo que la repuesta a muchas cosas ya está dentro de cada uno de nosotros:  “Cada vez pasaba mas tiempo entre libros, encerrada en sí misma, muchas veces sólo fingiendo leer. Por éso algunos de sus vecinos comenzaban a murmurar que no regía bien “

La posición de Casandra sobre el mundo es , como decíamos, mucho mas moderna que la de Virginia Woolf, que aun siendo una avanzada, tenía los condicionantes de su tiempo. Casandra se asemeja más a las mujeres de la novela BURDEOS de Soledad Puértolas cuando afirma, hablando de Penélope, la mujer de Ulises,  que (capitulo XIII) ” ¿hace falta un esposo para mirar el mundo? ¿no es más cómodo sentarse a esperar que convertirse en artífice de tu propia existencia? ¿Heroína o inmadura? ¿cómoda en su inmovilismo? ¿porqué no fué ella al encuentro de Ulises?” y un poco mas adelante “¿porqué ella se limitó a esperar tejiendo y destejiendo una y otra vez? ¿porqué no anduvo su camino? Lo importante para la realización personal no es quizá tanto la consecución de los objetivos sino la actividad que todo nuestro ser despliega en el viaje”.

La autora nos muestra también cómo ha evolucionado la mujer en la sociedad y cómo en ocasiones no nos damos cuenta que los animales tienen un mundo afectivo que nosotros, que nos creemos el centro del universo y medimos todo con la medida el hombre, ignoramos o infravaloramos, con la frase “Y supo, mirando los ojos de Candela, que tenía alma, pero claro, quien la creería, aunque no hace demasiado tiempo las mujeres tampoco la teníamos”

Como resumen de esta novela, Juan José Millás nos va a prestar una frase de “La Soledad era ésto” que Herminia ya había citado en su Blog:
“La carta de Enrique era muy fría aunque mi atención no merecía otra cosa, y en ningún momento he tenido tentación de contestarla, ya que una de las decisiones que he tomado ha sido la de no volver a hablar, nunca, con quien no me entienda”


Invito al publico a desvelar el misterio y conocer a los personajes de ésta novela y a través de ellos, a nosotros mismos.

                             Presentación de Antonio Navarro Barriga
                                      Profesor de la UGR, psicólogo clínico y escritor



La fortuna quiso que conociera a Herminia hace algún tiempo y que compartiéramos la pasión por la literatura, la inquietud por la vida y el desapego a la frivolidad de un mundo que se esfuerza por cubrirse de apariencias mientras oculta, como signo de debilidad, los sentimientos más nobles. 

Un día, no hace mucho, Herminia me honró al pedirme un prólogo para su obra. El manuscrito llegó a mis manos a través de un mensajero especial Fran, su hijo. Lo ojeé sin leer como si necesitara familiarizarme con el formato, luego lo dejé reposar varios días sobre una pila de temas pendientes, confieso que tenía miedo de empezar, debe ser porque aprendí pronto que cuando algo empieza camina hacia el final, además, dudaba si sabría escribir un prólogo que estuviera a la altura, pero cuando leí la obra todo cambió porque lo único que tuve que hacer fue dejar que brotaran las emociones.

Por fin comencé a leerlo, era un día gris y lluvioso, circunstancia que siempre me provoca un 
estado de especial ternura, todos tenemos nuestras debilidades y quien lo niegue es porque se sabe demasiado débil; leía Los pies de la mensajera, Dobbo mi perro, me acompañaba y de vez en cuando, como es su costumbre se acercaba para decirme que no estaba solo y, para cerciorarse de que comprendía su mensaje esperaba una caricia antes de volver a tumbarse de nuevo, creo que él ya había olfateado a la hermosa Candela, y la joya que tenía entre mis manos.
Fui avanzando entre palabras, frases y párrafos escritos de un modo sencillo, claro y limpio; hice todo lo posible por olvidarme de que a mí también me gusta escribir para no sentir envidia, ni siquiera esa que algunos gustan llamar “de la buena”. Los personajes no solo se hicieron de carne y hueso sino que podía apreciar con nitidez sus facciones y palpar los sentimientos, y es que Herminia al escribir consigue hacer la realidad ficción y ficción la realidad, tarea muy conveniente en literatura, pero ella lo hace con desparpajo y sin estridencias en el lenguaje. 

Candela me fue quemando la piel según entregaba todo su afecto a una mujer que no sabía qué hacer con él, Rosa la triunfadora, la que esconde en las mieles del éxito un rotundo fracaso ¿Qué tienes? Llegué a preguntarle más de una vez pero ella se negaba a darme la respuesta. “Que mal manejas tus sentimientos, ¿No te das cuenta?” le dije. Entonces sí que me contestó: vamos a ver lector impertinente, ¿tú siempre has acertado? Su pregunta fue como una bofetada, quise escabullirme frivolizando sobre un posible síndrome de Bastián Baltasar Bux, pero la autora había tejido con maestría una red de la que no podía escapar y en la cual me sentía muy cómodo. Entonces pensé en cuántas criaturas, entre ellas algunas personas, me habrán ofrecido su afecto a lo largo de mi vida y no fui capaz de reconocerlo o antepuse otros intereses, y cuantas criaturas, entre ellas algunas personas, desecharon la posibilidad de recoger el afecto que yo les ofrecía porque no era o no había tiempo para mi amor…  Herminia con su novela estaba consiguiendo lo que muy pocos autores han conseguido conmigo, que me sintiera parte de la historia, que me hiciera preguntas y preguntara sobre mis propios afectos; hay que escribir muy bien para alcanzar ese nivel de penetración en el lector y, ella lo ha conseguido.

Habían pasado varias horas y no podía dejar de leer, saltaba desde la tristeza a la ilusión, de la rabia a la compasión porque la autora maneja el tiempo y el ritmo con maestría, es verdad que las cosas se pueden decir de muchas maneras pero solo una es la que encaja a la perfección, esa es la que ha elegido Herminia para contarnos esta historia.
(página 26 de Los pies de la mensajera)

Esta espléndida manera de contar la realidad me recuerda a uno de mis autores favoritos, Delibes, pero la autora la riega con la sutil visión de una mujer. Por la tarde me propuse dejar la novela para continuar con su lectura al día siguiente, no pude, había conocido a Casandra y me estaba enamorando de ella, qué hermosa mujer, en su duda existencial recala una profundidad que conmueve; qué magnífico retrato de alguien que se hace fuerte bebiendo su propia debilidad; me arrastraba por el campo oliendo los olores que percibía Candela,  buscaba la belleza junto a Casandra en las cosas sencillas, arañando pequeñas dosis de felicidad en compañía de los suyos. Por momentos yo era Candela y admiraba a Casandra mientras “se cepillaba el pelo o se secaba las manos, cómo regaba los tiestos o cortaba verduras, cómo acudían los peces y se llenaba los dedos con ellos cuando les daba de comer…”

Durante la lectura me había venido varias veces a la cabeza “Gradiva” la novela de W. Jenser, finalmente supe por qué: La obsesión de Norbert por los pies de la mujer que aparece en el bajorelieve la convirtió en Gradiva cuyo significado es “la que avanza”, y la confundió con  Zoé Bertgang que significa “la que avanza espléndidamente. En los pies de la mensajera, los pies y los pasos son muy importantes porque significan presencia o ausencia, soledad o compañía; la historia avanza espléndidamente, las reflexiones de Casandra nos muestran la inquietud y el compromiso de una mujer inteligente y sensible hacia su entorno, la gestión de un sufrimiento  que la hace más persona según aumenta,  Casandra es amor y nostalgia de ese amor.
Llegué al último párrafo cuando hubiera querido seguir leyendo más, pero la autora acaba la historia cuando tenía que acabar; yo permanecí algún tiempo gravitando alrededor del universo creado por Herminia en esta obra, Dobbo lloriqueaba sin querer alejarse de Candela. Había leído una obra maravillosa, un poema de soledad y búsqueda de sí misma, una denuncia contra lo superficial y el éxito fácil, un retrato del alma femenina pero que yo diría que trasciende el género porque es un retrato del alma de la PERSONA.

Los pies de la mensajera, no sé si es una novela ejemplar (de las de Cervantes), pero desde luego es un ejemplo de cómo se debe escribir cuando lo que interesa es la literatura en sí misma.    

 Gracias  Herminia por compartirla con nosotros.                                                                                        
                                        



     Comentario de María Ángeles Barrionuevo 
                                           
              Procuradora, ilustradora y escritora


Querida Herminia,

Me pareció preciosa la presentación, especial un poco por todo, me parecíais un poco irreales, de verdad, y me alegraba tanto saber el por qué del brillo de vuestras miradas... ¡En ellas os reconocí! Hubiera saltado a daros un abracico, pero yo que sé lo que es correcto en esta situación, ya os tendré cerca uno de estos días.

No sabría definir muy bien lo que he sentido al leer tu libro, porque es evidente que oigo tu voz al descifrar las menudas patitas negras (como diría Candela), y no podía dejar la historia hasta conocer su final. Me has hecho llorar, y también sonreír, soy fácil para ambas cosas, tu lo sabes, pero no es tan fácil llegar a mi corazón. Y hay numerosas frases de esas que yo subrayo porque componen notas con sentido en éste mundo tan caótico, y dan luz. Se me ha hecho corto, quisiera que Rosa se hubiera arrepentido más, que Candela hubiera tenido cachorros, que su ama no se hubiera encontrado de pronto con otra terrible despedida... pero no puede ser, ya lo sé. Nunca son las cosas como queremos, y eso le dá un toque de realidad que nos acerca aún más a Casandra y su mundo. Se me ha hecho corto... Ya estoy esperando uno más largo...

Un beso grande.

                                      
                                      FIN

lunes, 10 de junio de 2013

Feria del Libro de Madrid 2013


El domingo nueve, a eso de las diez y media subía por la Cuesta de Moyano camino del Retiro. Como muchos domingos mi perro me acompañaba en este paseo tranquilo, en el que nos fijábamos en la gente, en los músicos callejeros y en las flores frescas de los parterres, mientras disfrutábamos del escaso sol de este atípico mes de junio. Sonreí al ver como unos turistas, sentados en una terraza, desayunaban cerveza con churros.
Sin embargo, este domingo era diferente a otros porque iba a firmar un nuevo libro en la caseta 134, a estar en contacto con la gente que lee, que ve el libro como un artículo casi mágico; con escritores de primer libro o consagrados, y a sonreír con las interminables filas de algunos y lo que nos cuesta vender a otros.

Dos horas por la mañana, cuatro por la tarde: ha sido un curso intensivo. Tuve ocasión de hablar con muchos lectores, de saber qué les gusta o no leer, qué tipo de libro les gusta tocar, de saludar a amigos que hacía mucho tiempo no veía y que quisieron acompañarme: gracias a Javier, Sao, Andrea, Clara, Paco, Mariola, Teresa, Guillermo, Jose Luis (mi editor), y a las personas que compartieron trabajo conmigo en la caseta, que me hicieron estar muy a gusto. Y, por supuesto, a aquellos que se pararon, ojearon mi libro, me preguntaron sobre él y lo compraron. También a los que se lo están pensando.

Aquí os dejo algunas imágenes del día:


Abriendo caseta con mi hermano.








  Antonio Muñoz Molina firmando su último libro.









miércoles, 29 de mayo de 2013

Los Pies de la Mensajera

Hace 5 años publiqué Alicia en el País de su Abuela y otros cuentos. Parece que fue ayer... Al poco tiempo comencé a escribir, entre otras cosas, esta novela. La terminé, la guardé en un cajón y me trasladé a vivir a Madrid por motivos familiares. Volví el año pasado a Granada, a recorrer sus calles, a contemplar la Alhambra y a patear las cuestas del Albaycin de mi juventud... Desde la distancia de esos años, he repasado, revisado y dado a leer a gente de confianza esta novela. El libro estará a la venta en las librerías a partir del 7 de Junio. Espero que os guste.




Estaré firmando libros el día 9 de Junio de 10:00 a 12:00 h en la Feria del Libro de Madrid.
Me encantará saludaros.




Esta canción está dedicada a mis amigos y lectores, especialmente de Centroamérica y Sudamérica:




Como la cigarra

Tantas veces me mataron,
tantas veces me morí,
sin embargo estoy aquí
resucitando.


Gracias doy a la desgracia
y a la mano con puñal
porque me mató tan mal,
y seguí cantando.


Cantando al sol como la cigarra
después de un año bajo la tierra,
igual que sobreviviente
que vuelve de la guerra.


Tantas veces me borraron,
tantas desaparecí,
a mi propio entierro fui
solo y llorando.

Hice un nudo en el pañuelo
pero me olvidé después
que no era la única vez,
y seguí cantando.

Cantando al sol como la cigarra
después de un año bajo la tierra,
igual que sobreviviente
que vuelve de la guerra.

Tantas veces te mataron,
tantas resucitarás,
cuántas noches pasarás
desesperando.

Y a la hora del naufragio
y la de la oscuridad
alguien te rescatará
para ir cantando.

Cantando al sol como la cigarra
después de un año bajo la tierra,
igual que sobreviviente
que vuelve de la guerra.


Letra: María Elena Walsh

Música: María Elena Walsh

viernes, 17 de mayo de 2013

La simbología de la ventana en la Literatura y en el Arte


En junio del 2008 la revista “Diotima de Mantinea” publicó uno de mis ensayos sobre un objeto que desde muy pequeña me ha fascinado: la ventana.
Ahora he vuelto a leerlo porque preparando un artículo sobre la poesía de Carmen Martín Gaite, quise recurrir a él. Las ideas que aparecen en este ensayo siguen dando vueltas en mi cabeza y por eso me gustaría que estuviese en “La Guardiana”.
Espero que paséis un buen rato con él, porque procuré en su día –como sigo haciendo hoy– tener sinceridad conmigo misma y huir de los ensayos demasiado técnicos en los que, ni por carácter y sobre todo porque al fin y al cabo, soy una escritora de ficción, no me encuentro cómoda.




         La simbología de la ventana en la Literatura y en el Arte 
                                              Herminia Pérez Cifuentes




El lector es el poeta, todos somos poetas; la estatua debe desprenderse del torpe bloque de mármol que aloja y empezar a vivir

Pursewarden (Clea. El cuarteto de Alejandría)


Pero de la habitación a que pertenecía esa ventana nada podría decirse con certidum bre, sino que tal vez era una mezcla de muchas habitacio nes, de todas en las que ella se sentó alguna vez a mirar por la ventana. 

Carmen M. Gaite


LAS VENTANAS 

En estas oscuras piezas, donde paso
días agobiantes, voy y vuelvo arriba abajo
para hallar las ventanas. -Cuando se abra
una ventana habrá un consuelo- .
Mas las ventanas no están, o no puedo
encontrarlas. Y mejor quizás que no las halle.
Acaso la luz sea un nuevo tormento.
Quién sabe qué cosas nuevas mostrará.

                                                          Kavafis

“Sin darme cuenta me encerraron fuera del mundo” (Cavafis) 


            Alimentada por los simbolistas franceses, la poesía de Cavafis es exigente, madura, habitada por una refinada cultura grecolatina y una subyacente ironía. Velas encendidas y apagadas que simbolizan el curso de una vida…La sensación de claustrofobia, el aislamiento, la ciudad atrayente y asfixiante, son temas todos que se repiten en Kavafis y cuya motivación y razón no intento analizar ni deseo constatar en este trabajo. Intentaré centrarme en la simbología de la ventana.

             Tuve conocimiento de Kavafis a través de “El cuarteto de Alejandría”. Mi profesora de filosofía de COU me regaló Justine, el primer libro de la serie de Durrell. Es imposible leer ese libro sin simultanearlo con este poeta al que hace continuas referencias a través de Alejandría. A kavafis, no es la ciudad de Alejandría- que tan bien describe en su obra- la que lo encierra, sino cualquier sitio, cualquier ciudad sería para él una cárcel, una habitación sin ventanas, pues la claustrofobia se halla dentro de sí mismo. Y está claro, que de nosotros no podemos, por mucho que lo hayamos intentado, incluso de malos modos, huir. La ventana de Cavafis en este poema es una ventana triste, pues al abrirla siempre ve lo mismo: la ciudad opresora, pequeña y limitada que lo persigue y de la que no puede o no quiere escapar: él mismo.



No hallarás otra tierra ni otro mar.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás.
Pues la ciudad es siempre la misma. Otra no busques -no la hay-
ni caminos ni barco para ti.
La vida que aquí perdiste
la has destruido en toda la tierra. 




            Desde un punto de vista fisiológico cuando hablamos de ventanas pensamos en los sentidos, los cinco sentidos, especialmente la vista, la mayor responsable de que cuando nombramos algo, inmediatamente podamos hacer la abstracción, la imagen mental de lo nombrado. El cristal de la ventana- por hacer un símil- es la córnea, que es transparente si está sana. El iris (bonito nombre para designar a un músculo) alberga un agujero por donde nos entra luz y la imagen: la poética pupila. Es el iris el que se contrae más o menos para dejar pasar más o menos luz. Y, son esas imágenes (siempre luz) las que son bien recibidas por nuestra retina, que como todo lo importante está alojada al fondo, al fondo del ojo. Toda esta luz se envía al cerebro a través del nervio óptico. Es el cristalino, mediador entre la pupila y la retina, que como la mejor lente hasta ahora conocida, ayuda a enfocar para que los rayos de luz lleguen de forma adecuada a la retina. Y, como toda ventana que se precie, el ojo cuenta con visillos o persianas o postigos: nuestros párpados ayudando a la córnea a protegerse de lo demasiado luminoso, incluso cerrando el paso a toda luz.

          La ventana como objeto ha estado cargada siempre de un fuerte simbolismo, así Amos Oz con motivo del Premio Príncipe de Asturias de la Letras 2007, hizo un discurso cuyo título es La mujer de la ventana. Recojo aquí algunos fragmentos: donde, entre otras valiosas ideas, utiliza la ventana como símbolo, más concretamente una ventana por la que asoma una mujer:

            Si adquieres un billete y viajas a otro país, es posible que veas las montañas, los palacios y las plazas, los museos, los paisajes y los enclaves históricos. Si te sonríe la fortuna, quizá tengas la oportunidad de conversar con algunos habitantes del lugar. Luego volverás a casa cargado con un montón de fotografías y de postales.
Pero, si lees una novela, adquieres una entrada a los pasadizos más secretos de otro país y de otro pueblo. La lectura de una novela es una invitación a visitar las casas de otras personas y a conocer sus estancias más íntimas.
Si no eres más que un turista, quizá tengas ocasión de detenerte en una calle, observar una vieja casa del barrio antiguo de la ciudad y ver a una mujer asomada a la ventana. Luego te darás la vuelta y seguirás tu camino.
Pero como lector no sólo observas a la mujer que mira por la ventana, sino que estás con ella, dentro de su habitación, e incluso dentro de su cabeza.
Cuando lees una novela de otro país, se te invita a pasar al salón de otras personas, al cuarto de los niños, al despacho, e incluso al dormitorio. Se te invita a entrar en sus penas secretas, en sus alegrías familiares, en sus sueños.
Y por eso creo en la literatura como puente entre los pueblos. Creo que la curiosidad tiene, de hecho, una dimensión moral. Creo que la capacidad de imaginar al prójimo es un modo de inmunizarse contra el fanatismo. La capacidad de imaginar al prójimo no sólo te convierte en un hombre de negocios más exitoso y en un mejor amante, sino también en una persona más humana.


Y prácticamente termina su discurso diciendo:

La mujer de la ventana puede ser una mujer palestina de Nablus y puede ser una mujer israelí de Tel Aviv. Si desean ayudar a que haya paz entre las dos mujeres de las dos ventanas, les conviene leer más acerca de ellas. Lean novelas, queridos amigos, aprenderán mucho.

Las ventanas sólo son útiles si son transparentes y las abrimos, bien para mirar hacia dentro o hacia fuera. Mirando a través de ellas, abriéndolas para que nos inunden los sonidos y aromas de la calle podremos ir creciendo. Una ventana cerrada sirve para observar el mundo a través de los cristales pero no para conectarnos con él. Una ventana abierta te deja percibirlo pero seguimos estando en esa habitación solitaria y vacía a no ser que también la utilicemos para escapar, para salir al exterior. Pero me pregunto yo ¿Porqué utilizar una ventana? Lógicamente cuando queremos salir o entrar utilizamos puertas. Salir o entrar por una ventana es romper los moldes establecidos, es saltarnos las normas. La ventana en poesía es posibilidad. Esta idea que simboliza la ventana se conjuga perfectamente con la comprensión de códigos sociales que no podemos desatender: para la conciencia colectiva “el entrar o salir por la ventana” es un acto delictuoso, reñido absolutamente con las normas establecidas por la sociedad. Es, en el fondo, entrar o salir de mala manera. 

Según palabras de Iñaki Torre la ventana es metáfora infantil de la curiosidad, fuente de inspiración para músicos, fotógrafos, pintores, novelistas, abre una brecha redentora, es el punto de partida para viajes al futuro o ensoñaciones al pasado; atalaya doméstica. Martín Gaite decía que la ventana es el punto de referencia de que dispone (la mujer) para soñar desde dentro el mundo que bulle fuera. 

            La ventana para salir, para renovar el aire, para escapar o entrar en sitios poco convencionales; la ventana para huir del encorsetamiento, de la asfixia, aunque nos sintamos un poquito transgresores, un poquito culpables por la moral impuesta. El exterior arroja sin cesar reclamos que invitan a abandonar la casa y salir a la calle, donde se desarrolla una vida más verdadera y estimulante:”el ruido” y el bullicio” atraen con sus cantos de sirena a la voz lírica, y lejos de ser molestos o perturbadores resultan provocadores y de indudable atractivo.

Todo esto me lleva a otra reflexión, porque… ¿Qué buscamos tras la ventana?, y en el caso de tener la respuesta ¿Encontramos lo que buscamos o nos sentimos, en cambio, defraudados? Quizás una vez abiertas las ventanas y traspasado su ámbito y recorridos los caminos que nos muestran, debamos volver a la habitación, cerrarlas, sentarnos y analizar, reflexionar qué nos hizo salir de ella. Tal vez así podamos comprender y aceptar nuestro cuarto, ahora ya iluminado y con el aire fresco, renovado, del exterior. La protagonista de un poema de Martín Gaite “Todo es un cuento roto en Nueva York” vaga por esas gigantescas avenidas que son verdaderos ríos humanos en las horas punta; con sus prisas y sus miradas al frente que nada expresan. Intenta buscar personas pero no encuentra nadie con quien hermanarse. Así, termina en un museo contemplando un cuadro. ¿Por qué? El poema nos da la respuesta:

Cansada de rodar,
de soñar apariencias,
de debatirse en vano
ensayando posturas de defensa o de ataque,
de convertirse en otra,
esa mujer perdida por Manhattan
se ha escondido en un cuadro de Edward Hopper,
se ha sentado en la cama de una pensión anónima
y ya no espera nada.





Dice Torre:

            Por la vía del arte (de la pintura en este caso, pero es fácil trasladar este ejemplo pictórico al terreno de la literatura), hemos accedido a una tercera dimensión, la de la metaficción: la ventana, que luego ha sido espejo, es ahora un cuadro, y en él hallamos pintada una ventana, casi más real que las auténticas ventanas. La pintura es otra ventana por la que asomarnos a la vida, y esa mujer desconocida que deambulaba por las calles neoyorquinas en busca de un espejo, ha acabado por encontrarlo en la imagen de un cuadro. En él se nos pinta a otra mujer en un espacio interior ajeno (la pensión anónima) que trata de no escapar por el hueco de la ventana, hacia la que dirige el vuelo creador de su mirada. Ese es el destino de la nueva mujer ventanera: aprender a habitar la soledad y a ponerla de su parte, exprimir su jugo en beneficio de una imagen de sí misma cada vez más despojada de tópicos, mitos y falsos espejos.          

No es paradójico que la mujer que ansiaba salir por la ventana se encuentre a sí misma en un cuadro. No es contradictorio, simplemente ha crecido como persona, ha madurado. Porque a la poesía, a la literatura, al arte en general- y es mi opinión- no hay que ir a buscar la verdad, ni respuestas, sólo preguntas. La magia de la ventana radica en unir lo banal con lo maravilloso; y su peligro, en no saber cuando abrirla o cerrarla.; cuándo su espacio físico aborda lo real y cuando la ficción. Una ventana ya en si misma es una narración visual, un relato por escribir lleno de historias metidas en recuadros .A través de ella se viaja al País de Nunca Jamás para encontrar a Morfeo hablando con Baudelaire. No hay que tener miedo a mirar, a salir al exterior ni a viajar al interior de nosotros mismos. Siempre, de manera sutil, espectadores o protagonistas, aprenderemos de ese viaje. Es el espejo, dimensión de la ventana, metaficción, entendido como continuo soliloquio, repetitivo, duradero, el que puede llegar a resultar obsesivo si se continua en el tiempo mas allá de lo atinado. Un espejo, a fuerza de traernos múltiples imágenes de nosotros mismos, que al fin y al cabo, somos uno, terminará empobreciéndonos. Narciso entrará por la ventana para alentar a esa solitaria y triste figura, melancólica, que ausente del mundo y de la vida, se dedica a meditar sobre ambas sin haber experimentado ninguna. ¿Cómo amar lo que no conocemos? Para qué queremos la ventana si no estamos dispuestos a ejercer de mirones.

            La ventana es símbolo de apertura, de vivir sin prisas deteniéndose a ser espectador de lo que te ofrece. Es tan fuerte y claro el simbolismo de la ventana que si hablamos de abrirla todos lo interpretamos como una mirada a la esperanza, al futuro, aunque sea para recordar el pasado. Se identifica con felicidad de inmediato, independientemente de lo que luego veamos a través de ella. Una ventana bañada de sol y atestada de geranios rojos nos indicará una gran alegría sin tener que decir mucho más porque por una ventana siempre entra o sale energía, y nos conecta con el exterior haciéndonos salir de nosotros mismos y, al mirar así, un poco más lejos, nos relaja la vista. Pero es a la vez la que une nuestro consciente con nuestro subconsciente y nos hace receptivos a los conocimientos. La ventana también se ha utilizado para designar la unión de una mente con otra. Es el vaso comunicante entre dos seres .Es el camino, la arteria a través de la que fluye, a presión, el contenido de la mente con más carga (positiva o negativa) hacia la mente más laxa. Escribió Oscar Wilde en algún lugar que el peor crimen era la falta de imaginación. Pues eso no pasará mientras las ventanas nos lleven, bien a las experiencias propias o a las de otros, que ya abrieron o cruzaron o vivieron interiormente las suyas. Velázquez entendía bien de esto. Todos nos acordamos de esas ventanas-espejos que tanto utilizó, donde esa Venus sinuosa de espaldas al espectador muestra una cara vulgar, nada divina, reflejada en el espejo, ventana de la realidad. Velázquez hace repetir a ese espejo la imagen que no era posible en el cuadro (cf. Las cabezas de los reyes en “Las meninas), pero insuflándole una significación conceptista. Nos demuestra así que ese espejo es una ventana que recoge una recreación de lo que se percibe, un pensamiento que sale al exterior, no un reflejo muerto de la realidad.




            En mi opinión, Friedrich es uno de los pintores que mejor ha sabido plasmar la simbología de la ventana, por eso he querido recoger aquí el comentario de este cuadro que a mí me hechiza:

            Ya había tratado este motivo en sus sepias de 1805 sobre la ventana de su estudio, pero desde una perspectiva completamente diferente. La iconografía de este género procede del Renacimiento, en especial de los pintores flamencos y toscanos, y también del alemán Durero. Sin embargo, este óleo está más vinculado a los pintores holandeses de género del siglo XVII, en particular Vermeer de Delft y sus apacibles interiores burgueses con mujeres pensativas frente a la ventana. Con todo, esta obra tiene poco de costumbrista, sino que expresa una fuerte carga simbólica a través de su cuidada composición geométrica. Dicha composición se basa en un estricto entrecruzamiento de horizontales y verticales, señalado en la cruz simbólica que forma la parte superior de la ventana. Las líneas de las tablas del suelo acentúan la aproximación visual hacia el plano de la ventana y el exterior. Incluso los frascos del alféizar y los álamos del otro lado obedecen a este esquema de ángulos rectos. El vestido de Caroline acentúa este movimiento hacia el exterior, sostenido por la gradación de colores, desde lo más oscuro, la habitación, hasta lo más luminoso, el cielo. La simbología es también clara. El sombrío interior representa el mundo terreno, el mundo de los vivos. La ventana, como las puertas, es el ámbito de relación de ese mundo terreno con el celestial. Las barcas reflejan dicho tránsito. La mujer contempla el otro mundo, el celestial, bajo el que se alzan los álamos, símbolo de las fuerzas regresivas de la naturaleza, recuerdan el pasado. Sin embargo, esta obra se halla muy alejada del concepto, demasiado francés para Friedrich, de lo "trágico"; más bien se sirve de lo "pintoresco" para transmitir su mensaje estético y alegórico. El tema volverá a ser tratado de forma muy similar por Dalí, en esa conexión peculiar de los gustos del vanguardismo surrealista con Friedrich. (1)

            La ventana nos lleva al alma, nos hace volar más allá del pasado y del futuro hacia un no espacio- tiempo que es la espiritualidad (alma y espíritu entendidos en su acepción más amplia, dependiendo de las creencias de cada uno). Y cuando viajamos de esta manera siempre vamos solos, como cuando en la escuela parecíamos quedarnos en la inopia, siempre justo con los ojos puestos en una ventana. El maestro iba desapareciendo hasta hacerse murmullo y nuestra mente volaba, no a través de la pizarra o del pupitre del compañero, sino a través siempre de la ventana. Así desde niños, nos hemos escapado por ella hacia ese mundo lleno de ruidos o de calma, de coches y trenes o de rosas y agua que persistentemente encontrábamos repiqueteando en sus cristales. Y ahora, es por la ventana por la que miras para ver esa otra ventana de tu escuela, ese patio y esas canciones cantadas a coro que en forma de eco te llevan, te traen y te mecen.
            Nos lo describe Martín Gaite cuando dice: 
            (…) y lo que hacía no era propiamente escribir, sino mover los dedos con gestos muy precisos para que la luz incidiera de una forma determinada en un espejito como de juguete que tenía en la mano y cuyos reflejos ella recogía desde una ventana que había enfren te, al otro lado del río. 

Se une con la madre que no habita ni el pasado ni el futuro sino en otra dimensión que existe más allá del horizonte. 

            La ventana es lo más parecido al cine, a la fotografía. El poeta, el artista en general, la utiliza para atrapar instantes, situaciones, sensaciones y provocar emotividad en nosotros. Y eso es justo lo que hace Cavafis: no encuentra las ventanas de la habitación; necesita urgentemente un cambio de aires, incluso un viaje, porque se ahoga en su vida actual. Pero a la vez teme el paisaje que le mostrará. En esa ventana tan temida y buscada cabe todo: dolor, temor a lo desconocido, a lo diferente, a mostrarse como es, pero también la necesita porque tras la ventana está el amor, la amistad, la pasión y los deseos. En esa especie de locura en la que se encuentra sabe, sin embargo, que tendrá que encontrar una salida. , porque lo heroico es abrir la ventana, salir, ver y vivir a pesar de las dificultades que nos encontremos dentro y fuera de nosotros mismos. Y porque, como creativo, no le quedará otra opción que el comunicar. El concepto de viaje queda también claro en Carmen Martín Gaite cuando hablándonos de su madre dice:
            Estaba mucho más allá, en ese más allá ilocalizable adon de precisamente ponen proa los ojos de todas las mujeres del mundo cuando miran por una ventana y la convierten en punto de embarque, en andén, en alfombra mágica desde donde se hacen invisibles para fugarse. Es el vuelo de la mente, el viaje al que toda ventana es capaz de llevarnos a poco que sepamos mirar a través de ella. No es precisamente para Martín Gaite mirar por la ventana mirar la vida pasar sino, ir en busca de ella. No vive más el que más veces sale al espacio abierto sino el que, utilizando la ventana, la imaginación, siente intensamente.
            Es imposible vivir sin ventanas, todas son hermosas, las que nos llevan hacia nosotros mismos y las que nos llevan al exterior. Hemos visto aquí muchas y también muchas se han quedado fuera, pero creo que juntos hemos entendido la necesidad del ser humano de construir una propia para no sentirse solo. Da igual que se mire con los ojos abiertos o cerrados, que lloremos o riamos asomados a ella, pues lo esencial es que siempre nos llevará hacia el infinito para encontrar otros mundos posibles.

                                           


           Pero de la habitación a que pertenecía esa ventana nada podría decirse con certidum bre, sino que tal vez era una mezcla de muchas habitacio nes, de todas en las que ella se sentó alguna vez a mirar por la ventana.
                                                     Carmen M. Gaite 

                                                                                                                          
                                                                                                                             Herminia Pérez Cifuentes


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Bibliografía.-

Cirlot, Juan Eduardo. “Diccionario de los Símbolos”. Barcelona. Ed. Labor 1969. Pg. 388

Torre Fica, Iñaki. “La mujer ventanera en la poesía de Carmen Martín Gaite”.

Aute, Luis Eduardo.” Un perro llamado dolor”. Ed .Ellago Ediciones, 2002

Domínguez Ortiz, Antonio. Alfonso E. Pérez Sanchez.Julián Gállego."Velázquez". Ministerio de Cultura.

Nicholl, Charles.”Leonardo. El vuelo de la mente” Ed. Taurus. 2005

Guerrero Solier, Eloisa. “El interlocutor en la obra de Martín Gaite.”

Durrell, Lawrence. “El cuarteto de Alejandría”. Edhasa, 1983.

Martín Gaite. Carmen.” Desde la ventana.” Ed. Espasa-Calpe. Madrid, 1989

Liddell Robert.” Kavafis. Una biografía”. Ed. Paidos

Oz, Amos. Discurso Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2007. (1)

http://www.artehistoriajcyl.es/genios/cuadros/6232.htm.





© Herminia Pérez Cifuentes

© Revista DIOTIMA DE MANTINEA Revista de Lectura y creación. ISSN: 1698 - 2622

 10 de junio de 2008.